Lo que aprendí de los países nórdicos

Primero que todo es importante indicar cuáles son los países nórdicos, pues son Finlandia, Suecia, Noruega, Dinamarca e Islandia, junto con las Islas Feroe. Tuve la oportunidad de vivir en Helsinki por unos cuentos meses y visité la capitales de Suecia, Noruega y Dinamarca, y algunas ciudades pequeñas, y aunque podría no ser suficiente tiempo, esta estancia corta me sirvió para valorar su diversidad, la amabilidad y la riqueza cultural de estos pueblos.

Mi estancia allí fue peculiar porque no sólo vivi mi primer invierno, sino que estuve allí durante uno de los inviernos más severos, que no se vivía en mucho tiempo. Los últimos días de diciembre y la primera semana de enero fueron los días más fríos que viví, tanto así, que la fiesta de fin de año fue tan fugaz que una vez se terminó el conteo regresivo, a las 12:02 ya estaba de vuelta a casa. Dadas esas condiciones, lo primero que aprendí a valorar fue la calidez de la que es tu casa temporal, también como la compañía de las personas que estuvieron conmigo.

Aunque llegué a finales del verano en agosto y pude disfrutar de días soleados y un clima fresco en Helsinki, similar al clima bogotano sin lluvias, la dicha de ese clima duró poco y la mayor parte del tiempo hizo frío. A medida que bajaban las temperaturas, los días se fueron acortando, y la nieve llegó a finales de octubre como un cuento de hadas para quien ve la nieve por primera vez.

La inclemencia del clima y la continuidad de los servicios

La severidad del clima y la ausencia de sol, hace que estos pueblos sean muy prácticos y planificados. Es sorprendente la facilidad con la que funcionan servicios como el transporte público o el sistema de respuesta a emergencias. El mayor riesgo que corres en las calles nevadas es resbalar y caer, y puedo decir que si te caes y necesitas ayuda la ambulancia llega en cuestión de 8 a 10 minutos, así esté nevando. Y llega sólo una sola ambulancia y sin tanto alboroto.

Los servicios no se detienen a pesar de la severidad del clima, sino que por el contrario están diseñados para funcionar en tales condiciones y en todas las épocas del año. Y es que si el bus no llega a tiempo, la posibilidad de que te deshidrates o mueras congelado es alta, sobre todo para los adultos mayores, o por abuso del alcohol de las personas que andan por las calles de Helsinki en la madrugada.

Formas de trabajar

La oscuridad y frialdad de los días hace que la gente sea más práctica lo que se traduce en jornadas de trabajo más efectivas, así que la gente lleva un ritmo de trabajo más tranquilo comparado con lo que estaba acostumbrada en Bogotá. Ciertos servicios de atención al cliente sólo funcionan alrededor de la hora del almuerzo, es decir entre 11:00 a.m. y 2:00 p.m., lo cual tiene sentido, pues son los momentos de mayor luz en la temporada de invierno.

Estando en Helsinki muchas veces dije, aquí todo es: «¡Hágalo usted mismo!» Y es que todo está diseñado para que las personas hagan las cosas por sí mismas, desde el autoservicio en los restaurantes hasta la gestión de envíos de paquetes. Es común y esperado que la gente recoja los platos de las mesas, y las deje limpias para la siguiente persona. La digitalización completa del proceso de envío de paquetes y su integración con los comercios permite resolver estas tareas en cuestión de minutos. En un país como Finlandia, con una población de solo 5.6 millones de habitantes, es crucial utilizar el capital humano de manera eficiente.

Este nivel de autoservicio y la mentalidad de colaboración en el acto de compartir recursos como las cajas, reduce la necesidad de personal en las oficinas de servicios postales y amplia la cobertura de mercado. Por ejemplo, un cajero en un supermercado puede hacer la labor de recibir encomiendas, ya que sólo imprime la etiqueta de envío, la pega en la caja y la deja almacenada en la bodega que tiene detrás. Entonces una sola persona puede fungir 2 roles para 2 empresas distintas. Esta multifuncionalidad optimiza los recursos y contribuye a la eficiencia laboral. En este contexto, el cliente se convierte en parte integral de la cadena de valor, lo que resulta en una mayor satisfacción al valorar la efectividad y la simplicidad, incluso cuando participan activamente en el proceso.

Nivel de digitalización del sector público

En los países nórdicos, la dependencia de las transacciones digitales es palpable; sobrevivir una semana sin una tarjeta de crédito o un medio de pago digital sería una verdadera osadía. La vida se vuelve considerablemente más sencilla cuando se cuenta con herramientas digitales a disposición. Estos países son reconocidos por su liderazgo en digitalización, incluso llegando al punto en que algunos establecimientos ya no aceptan efectivo como forma de pago. Esta tendencia contrasta con la situación en otros lugares, como Alemania, donde aún es común que te pregunten si deseas pagar con efectivo o tarjeta al realizar una compra. Esta pregunta en los países nórdicos no existe.

La integración entre el sector público y privado en Helsinki es notable, destacándose por su eficiencia y colaboración. La mayoría de los servicios requieren una cuenta bancaria finlandesa para la autenticación, o en su defecto, la validación a través de líneas móviles ofrecidas por los operadores de telefonía. Con niveles de digitalización casi totales, procesos como la declaración de impuestos se han simplificado enormemente, minimizando la posibilidad de omisiones, por lo que entre sus mayores problemas no está el recaudo. Esto se debe en parte al sistema de información poblacional, un registro nacional computarizado utilizado para diversos fines, incluyendo la administración pública, judicial y la recaudación de impuestos. Además, este sistema proporciona datos fundamentales para la planificación urbana y el ordenamiento territorial de las ciudades.

Principios básicos en los que se cimientan las sociedades

Principios como la equidad en el acceso a la educación, la primacía del bienestar social, la confianza y la autonomía forman parte de la cultura de estos países. Dado su nivel de madurez digital y la sinergia público – privada, la recaudación de los impuestos se realiza de manera efectiva, lo que permite contar con la liquidez necesaria para el desarrollo de proyectos e inversiones en infraestructura urbana y de bienestar social. En general, los ciudadanos de estos países no tienen problemas con el pago de impuestos, ya que confían en que sus gobernantes gestionarán adecuadamente los recursos, beneficiando a la comunidad con servicios en áreas como la salud y la educación, entre otros, lo que resulta en estándares de vida más altos en comparación con el resto de Europa.

Dinamarca cuenta con un sistema de impuestos por ingresos personales progresivo, que varía entre el 27% y el 52%. A pesar de ello, los ciudadanos se sienten satisfechos con el sistema, ya que confían en que el dinero recaudado se destinará al beneficio de la sociedad en su conjunto. Las ciudades están pensadas para servir a la sociedad sin ninguna condición de exclusión por clases sociales. Un ejemplo de esto es el plan urbanístico de Copenhague, conocido como «finger plan«, el cual busca desarrollar Copenhague como una ciudad sin clases sociales «classless», de manera que tu nivel de ingreso no determine si tienes acceso o no a zonas verdes en tu zona residencial o que la calidad de las zonas recreativas para los niños no esté determinada por el nivel de ingreso de los habitantes que viven en cada zona de la ciudad.

Estas culturas promueven y crean las condiciones necesarias para el desarrollo del conocimiento y la formación de sociedades más saludables y educadas. Es común observar a personas leyendo en el metro o a jóvenes y niños aprendiendo sobre democracia en lugares como la isla Utoya en Noruega.

Un equilibrio entre lo social y el libre mercado

Estos países han logrado un equilibrio entre el bienestar social y el libre mercado mediante una colaboración público-privada al servicio de la sociedad. Han sabido aprovechar las oportunidades del mercado para construir economías sólidas y sociedades prósperas. La base de esta prosperidad se sustenta en que países con niveles de confianza mayores, tienden a tener mejores sistemas de bienestar social. La combinación de valores como el civismo, la democracia, la transparencia y la confianza, junto con el fomento del libre mercado, los derechos de propiedad, la libertad monetaria y el libre comercio, han traído bienestar para sus sociedades. Las ciudades hablan por si mismas, donde los casos de personas pidiendo limosna en las calles son escasos y, en su mayoría, provienen de extranjeros.

¿Qué es lo sorprendente del sistema educativo finlandés?

Finlandia es conocido por tener uno de los mejores sistemas educativos del mundo, y cuando llegué en mi imaginario estaba la idea de que los profesores hacían algo diferente en el salón de clases, como una especie de malabares, y resulta que no. Yo he tenido la fortuna de acceder a una educación de excelente calidad en Colombia, y al llegar a Helsinki no encontraba ninguna diferencia entre la educación que yo recibía en Colombia y las clases en Helsinki, pero luego comprendí que mi realidad, no es la realidad de todos los colombianos, porque ese nivel de educación al que pocos tenemos acceso en Colombia lo tienen los finlandeses de manera gratuita, mientras que en mi caso esta educación significan casi € 2.800 por semestre para acceder a niveles de calidad equivalentes.

El truco no está en que los profesores hagan malabares en el salón de clases, el truco está en que el sistema como un todo funciona, y esto hace que toda la población tenga acceso y derecho a una educación de estándares muy altos. Adicionalmente, los estudiantes cuentan con precios muy asequibles en alimentación y transporte público. Una sociedad que favorece a los estudiantes, es una sociedad que crea las condiciones necesarias para prosperar. Mi almuerzo de estudiante costaba lo mismo que un corrientazo en Colombia, y claramente de un mejor nivel nutricional que lo que podía conseguir en Colombia por COP $ 12.000. Así que mi vida en Helsinki como estudiante no fue más cara que mi vida en Bogotá.

Lo que voy a extrañar …

Mi experiencia en los países nórdicos ha sido verdaderamente enriquecedora, y debo admitir que voy a extrañar el frío y los días cortos que me invitaban a la reflexión en los momentos que no quería salir a la calle por la nieve. Extrañaré las bibliotecas, que eran más que un lugar para estudiar, fueron el espacio perfecto para disfrutar de una taza de chocolate caliente con un delicioso croissant, o para disfrutar una tarde nevada desde la ventana. También extrañaré los lugares tranquilos, y hasta las terminales o puertos pocos concurridos en donde te puedes asustar porque no hay nadie y piensas que estás en la estación o puerto incorrecto.

Debo también decir que me encantaban los panes, no había uno solo malo, y los croissants eran lo mejor, hasta el último del día siempre estaba fresco y bueno. Ni en París conseguí fácilmente croissants tan buenos como los que se conseguían en los supermercados de Helsinki o en los Espresso House.

Todas las ciudades que visité me ayudaron a comprender cómo se vive en países donde prima la sociedad y no el bienestar individual, donde se puede decir con certeza que el gobierno está al servicio del pueblo y no al revés, y no porque alguien lo diga, sino porque las ciudades hablan por sí mismas. Además, debo decir que mi mejor compañera durante este viaje ha sido Diana Uribe, quien hizo unos episodios extraordinarios sobre Finlandia, Suecia y Dinamarca y cuyos relatos sobre la cultura y la historia de los países nórdicos me ayudaron a comprender mejor esta fascinante región. Aunque he dejado atrás estos lugares tranquilos y acogedores, llevo conmigo las lecciones aprendidas y los recuerdos de una experiencia que ha dejado una profunda impresión en mí.

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